Mi ángel Diego



    La mayoría de veces, que recuerdo los momentos junto a ti, sonrió como una loca, y se inundan mis ojos como un represa a punto de desbordar; últimamente estuve contando su historia en mi nuevo trabajo, con la pregunta habitual dentro del ambiente social ¿Cuantos hijos tienes? Y la duda en mi, la de responder 1 o 2, decir 1 implica la siguiente pregunta, ¿Cuando el segundo? Y nace mi sonrisa algo fingida y muy nostálgica, que grita dentro de mi "tuve dos y uno murió". Y si respondo 2, nacen muchas mas preguntas, ¿Que edad tienen? ¿Como se llaman? Entonces la duda me exprime otra ves, entre hacer como que aun existen 2 o solo tengo 1. Es bonito pensar que ambos están conmigo, o decir en tiempo presente, se llaman Daniel y Diego. Debo aceptar que lo he hecho algunas veces.

    Puedo decir que he probado todas las alternativas a su vez, voy evaluando como me siento con cada una de ellas, la mas saludable para mi, es hablar de él. Porque es parte de mi historia, de lo que he vivido. Pero por otro lado, es un tema muy delicado, que tiene elevada posibilidad de terminar con los ojos muy húmedos.

2016 año de su partida, ya pasaron 3 años, estamos 2019, puedo decir que es menos dolorosa y mas larga la historia que puedo contar de él.

    Por otro lado también me hace pensar, a cada persona que afrontó o afronta recientemente la perdida de un ser querido, o como en mi caso, un hijo. Aquel hijo que le falto vivir tantas cosas. Cuando pienso en todo lo que no pudo vivir, me da demasiada tristeza; cuando entro en ese trance, trato de salir rápidamente, enfocándome en su sonrisa, en sus gustos, sus ocurrencias de niñito. El compartió con nosotros 2 años 2 meses y 15 días. Cuando partió un 27 de Marzo del 2016, en Semana Santa.

    Cada persona puede afrontar la perdida de distintas maneras, en mi caso fue, tener la mente y mis tiempos ocupados al máximo. Tal ves una decisión algo extrema porque Daniel esperaba en casa, pero por mi salud mental y la de Daniel, decidí estudiar y buscar un trabajo. El trabajo empezó en Junio y las clases en Julio. 

    Regresando al inicio, había dejado de trabajar en Diciembre 2014, para dedicarme a mis hijos a partir del 2015, estuve presente cuando se presento la enfermedad desde sus primeros síntomas, porque fue una enfermedad la que derrumbo a mi bebé Diego. Un tumor cerebral con nombre propio y evolucionando Ependimoma Anaplásico Grado 3 cuando fue detectado, y meses después porque había infiltrado y envolvía la médula espinal, convirtiéndolo en Grado 4.

    Volviendo al 2016, me estaba recuperando, pero la pérdida desde la perspectiva de un niño de 7 años, para la pronta desaparición de su hermano y el gran vació que dejo en su vida, es algo que dura en sanar, mi hijo estuvo muy sensible los siguientes dos años. Noches llorando, reclamándole a Dios porque se llevo a su hermano, hablando fuerte solo en su cuarto, nosotros nos despertábamos y lo acompañábamos. En el colegio, tema familiar o relacionado a la familia, que tocaban, también era motivo de sensibilidad para Daniel, a veces lloraba varios días en la semana, la profesora lo acompañaba y entendía su pena, pasaba al psicólogo del colegio. Por nuestro lado también lo llevamos al Psicólogo, fue varias veces a sus sesiones durante el primer año.

    Mi hijo ahora, toma la perdida como algo natural, aunque dolorosa. Que debe ser aceptada y que la vida debe continuar. Como resultado Daniel es mucho mas sensible, y cariñoso con todos los niños. La medicina para un corazón triste, es darle mucho amor y comprensión. 



Recordamos con amor a Diego siempre.


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